Las ruinas de un inquietante torreón erigido en tiempos de Julio César atestiguan la importancia de este paso pirenaico en la expansión del Imperio romano.

En los verdes pastizales de Urkulu, acariciada por la magia  de los parajes de alta montaña, la enigmática torre  se alza imponente en lo más alto de esta cima,  sobre el collado de Arnoztegi. En 1976 el arqueólogo francés Jean-Luc Tobie la identificó como una torre-trofeo romana, erigida en el siglo I a. C. para conmemorar la conquista de Aquitania. La construcción se utilizó para marcar el límite sur de los nuevos territorios conquistados.

Substraídos del  propio monte para su ensamblaje original, enormes sillares calizos se desmoronan en el interior del perímetro sobre el que se levantó este bastión. Estos colosales bloques evidencian la magnitud de la obra, de más de veinte metros de diámetro y cuatro metros de altura , que se alzó sobre la enigmática cima de Urkulu.

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La torre domina el paso fronterizo de collado de Arnoztegi, por el que discurría en la antigüedad la calzada romana de ultrapuertos entre Astorga y Burdeos, de la que apenas quedan restos. Con posterioridad se utilizó como faro-guía de viajeros y peregrinos que atravesaban el Pirineo por este paso estratégico.

Además estamos en una antigua zona de poblamiento, como lo atestiguan los numerosos monumentos megalíticos dispersos por las laderas del mismo monte.