Es uno de los pueblos más recónditos del Valle y que mejor ha conservado su idiosincrasia. Apartado en el monte, su camino a las bordas de tejados de tablilla, nos habla de la ruda vida pirenaica de pastoreo y escasa agricultura.

Población

70 Habitantes

Altitud

859 m

EXTENSIÓN

8 km2

Bosque

Haya: 266 Ha - Roble: 156 Ha

Se halla el pueblo de Aria colgado en la ladera. Por debajo del núcleo las praderas limitadas con setos naturales de avellano y bosquetes de roble, se encajan en la difícil topografía.

Arquitectónicamente está formado por casas familiares formadas por una planta de vivienda, cuadra para el ganado y desván para almacenar el forraje. Destacan los tejados de pendiente pronunciada debido a las abundantes nevadas, siendo algunos de ellos de cuatro aguas.

Desde su casco urbano las veredas remontan por terreno de bosque mixto de haya y roble, en dirección a las bordas.
Desde estas, como ocurre en el resto de los pueblos del valle, se incrementan las posibilidades de alcanzar una amplia panorámica: en los márgenes de los praderías, nuevos y viejos, el bosque mixto se acompaña de un cortejo de otros árboles y arbustos -el fresno, el boj, el avellano, el enebro.

Existe una iglesia dedicada a San Andrés Apóstol, cuatro hórreos bien conservados y restos, por lo menos, de otros cinco.

En su entorno tres montañas: Arriberri, Zelaia y Butzarrería.

Es interesante visitar el lavadero, -construido contra una roca- y el asca (abrevadero). También, -señalizado como sendero de pequeño recorrido (PR)-, el camino viejo.