La Virgen de Roncesvalles es venerada por numerosas localidades. Valles, pueblos y parroquias acuden en diversas romerías cada primavera hasta su legendaria sede para rendirle un sentido homenaje.

De todas las romerías que llegan a Roncesvalles, la más vistosa y colorista es, sin duda, la del valle de Aezkoa. Presidida por las cruces parroquiales, en la procesión desfilan los alcaldes, los jóvenes y los niños del valle ataviados con los variados trajes regionales.

Los entunicados, máximos representantes del fervor y el sacrificio espiritual, caminan en dos filas, con la cabeza cubierta y sus cruces a la espalda (alzadas por encima de sus cabezas). Tras ellos, marchan también las penitentas descalzas, cubiertas con un velo y portando un crucifijo y un rosario.

Además de devoción, las visitas a la Virgen constituyen también una gran fiesta popular que se desarrolla en las campas y en las arboledas que rodean la Colegiata.