Los bosques de Aezkoa ofrecen un espectáculo sensorial impactante en el final del verano: la berrea.

Adentrarse en la hermosa masa boscosa de Irati, en los Pirineos de Navarra, es siempre un regalo para los sentidos, pero hacerlo en otoño se convierte en una experiencia única. Al tono ocre y rojizo que adopta su paisaje, se une el impactante sonido de la berrea de los ciervos. Durante tres semanas, el eco de los bramidos que producen los machos y el violento entrechocar de astas acompañan los atardeceres y las noches de este bello paraje natural. La mejor época para contemplar este espectáculo es la segunda quincena de septiembre y la primera semana de octubre.

La berrea o brama es un ruido profundo y largo, parecido a un mugido de vaca, que emiten los machos de ciervo durante el celo. Los berridos comienzan con el ocaso del verano, cuando las hembras están en periodo de ovulación. En Irati, la población de venados es importante, y resulta fácil encontrarse con alguno si se va en silencio y prestando atención. Visitar este paraje natural cuando cae la tarde o con las primeras luces del día es todo un espectáculo.

Al iniciarse el otoño, los machos lucen su enorme cornamenta y se pasean orgullosos sabedores de que las hembras se hallan preparadas para concebir. Los berridos pronto dan paso al atronador ruido del entrechocar de las astas, que se cuela por todos los rincones del bosque. A pesar de su aparente violencia, las peleas son incruentas y se limitan a mostrar la fuerza entre contrincantes.

Tras varios días de luchas agotadoras, los machos ganadores cubren a las hembras. Después de ocho meses de gestación, darán a luz, en el mes de mayo, a una cría que nada más nacer se pondrá en pie con ciertas dificultades y comenzará a mamar.