Cuentan las leyendas que las Lamias, esas hadas vascas que vivían junto a torrentes de montaña, tuvieron en la cueva de Arpea una de sus moradas preferidas.

En uno de los rincones mas bellos del Pirineo, entre los Valles de Aezkoa y Garazi, abre sus fauces la cueva de Arpea. Un lugar que transmite sensaciones difíciles de describir con palabras, pues su especial orografía, escondida entre montañas tupidas de verde vegetación, junto con las nieblas que frecuentemente la acompañan, crean una atmósfera cargada de misterio.

Las paredes laminadas en forma de “V” invertida de la Cueva de Arpea son el fruto de cuarenta millones de años de formación geológica, que al igual que los anillos del tronco de un árbol, nos enseña por medio de sus láminas rocosas la historia de su evolución, correspondiendo cada lámina a un periodo comprendido de unos 20.000 años.

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Utilizada como cobijo desde la prehistoria gracias a su situación protegida de los vientos en la zona, no cuenta sin embargo con una gran profundidad, siendo la singular forma de su entrada y el maravilloso entorno que la rodea la que la ha dado su aureola legendaria.